La estrella del fondo del río

La estrella del fondo del río

Al comienzo de los tiempos el cielo estaba mucho más cerca de la Tierra de lo que está ahora y los dinosaurios muy seguido metían su cabeza en las nubes o las estrellas y esto era bastante peligroso para ellos.
Es así como los dinosaurios se pasaban resfriados por el fresquete de las nubes o se pinchaban con las puntas de las estrellas.
Hoy, cada noche, las estrellas observan de cerca a todos los niños del mundo. No les gusta que los pequeños se peleen o digan malas palabras.
En el Río Paraná de las Palmas se vuelven tremendamente narcisistas porque se miran en el reflejo del agua. Ven como las aguas quedan calmas cuando no pasan barcos ni barcazas.
Disfrutan viendo saltar los peces y ellos se acostumbraron a verlas charlar entre ellas a ver cual era más bella.
- ¿No crees que yo estoy un poco pálida esta noche? -preguntó una estrella a otra estrella
- Es cierto, te falta un poco de brillo. En cambio, mírame, estoy radiante, mi cutis es perfecto y tengo excelente forma.
En medio de esta charla aparece una estrella muy infeliz porque era miope y no podía observar bien su reflejo. Pidió a las otras estrellas que le contaran cómo se veía reflejar en el río.
Las otras estrellas, malas y celosas se rieron.
La estrella miope de todas manera quiso mirarse en el río, se acercó cada vez más al agua. Es que quería verse a sí misma.
Se acercó tanto que cayó en el agua. El río le quitó su brillo y quedó un cuerpo de cinco puntas muy suaves.
Estaba tan avergonzada que no iba a volver más al cielo, y a partir de este día empezó a vivir en el fondo del río.

 

La zanahoria

La zanahoria

Había una vez una zanahoria que vivía en una pequeña casa a oscuras debajo de la tierra. Ella estaba allí sola y muy tranquila en la oscuridad y el silencio. Un día, oyó un golpe tap, tap, tap, en la puerta.
- ¿Quién está ahí? -preguntó ella.
- Soy doña lluvia, dijo una voz triste y suave.
- No, no -dijo la zanahoria.
Uno o dos días más tarde, volvió a oír otra vez el golpe en la puerta tap, tap, tap.
- ¿Quién está ahí? -dijo.
La misma voz de los días pasados respondió:
- Soy doña lluvia, hoy sí voy a entrar.
- No, no -dijo la zanahoria.
Y no oyó nada más durante mucho tiempo. Pasó un tiempo y escuchó un ruido extraño. Era como un susurro, un susurro, ch, ch, cierre la ventana.
- ¿Quién está ahí? -preguntó la zanahoria.
- Soy el sol, dijo una voz brillante y alegre.
- N. .. no -dijo otra vez la zanahoria. No entrarás.
Y se mantuvo en silencio.
Poco después, volvió a escuchar el ch, ch, ch, a través de la mirilla de la cerradura.
- ¿Quién está ahí? -dijo.
- Soy el sol, dijo el sol con voz clara. Abre la puerta.
- No, no -dijo la zanahoria, no lo haré.
Unos días más tarde vuelve a escuchar tap, tap. En ruido también en la ventana, y en la cerradura… ch … ch …
- ¿Quién está ahí? -gritó.
- Estamos la lluvia y el sol, la lluvia y el sol, estamos juntos y queremos entrar.
- Bueno, bueno -dijo la zanahoria, si los dos están juntos y es necesario, abro la puerta.
Abrió la puerta un poco, y los dos entraron en la casa. La lluvia tomó de su mano izquierda y el sol tomó de su mano derecha, y la arrastraron con ellos, rápido, rápido, rápido, arriba, y ??luego le dijeron
- Te ayudamos a que puedas salir afuera. Asoma tu cabeza.
Asomó la cabeza, y estaba en medio de un hermoso huerto de Campana verde. Había muchas verduras y hortalizas, los pájaros cantando la saludaron mientras empezó a crecer, grande, grande.
Cuando los niños llegaron a la huerta aplaudieron, la zanahoria ya comenzó a crecer.

 

El viejo gato

El viejo gato

Un gato viejo muy distraído y muy perezoso, gran matemático estaba acostado a la entrada de la casa.
De vez en cuando, entreabría un ojo para contar las moscas y se metía de nuevo en su dulce letargo.
Otro gato paseaba por allí. Asombrado por la gracia del gato viejo con bastante exceso de peso debido a la ociosidad, el gato paseandero preguntó
-¿Quién eres y que haces?
El otro, ni siquiera abrió los ojos, pero murmuró:
- Soy un viejo gato muy sabio, y sé perfectamente contar.
- ¡Magnífico! y ¿Hasta cuánto puedes contar?
- No veo, pero puedo contar hasta el infinito.
- Cuenta para mí, amigo, cuenta.
El gato se estiró, bostezó profundamente y luego, de mala gana que hasta parecía divertido, empezó a contar
- Uno … dos … tres … cuatro …
Cada número lo pronunciaba con fuerza y seguridad. Al llegar a siete el gato estaba dormido y al nueve estaba ya roncando, y así entró en un sueño profundo.
- Cómo solamente sabés contar hasta nueve, te otorgarán una nueva vida.
Los gatos tienen nueve vidas.
El gato que había asegurado que podía contar hasta el infinito sedetuvo en el número nueve y se quedó dormido. Ahora duerme sin pensamiento, pensó el otro gato.
-Es verdad cuenta hasta el infinito. Al final de las siete vidas del gato se llega directamente a la felicidad suprema. ¡Qué filósofo el gato paseador!

Tres deseos

Tres deseos

Un día, un niño conoce a un hada a la orilla del río. Sin pedir nada, el hada le ofrece tres deseos a conceder. El niño piensa y dice: -Como primer deseo, quiero inteligencia y sabiduría para elegir sabiamente mis otros dos deseos. – Muy bien, dijo el hada, agitando su varita en el aire. -Ahora ¿qué es lo que quieres? – Nada dice el niño. Ya lo tengo todo en un deseo. Gracias hada buena. Y siguió caminando a la orilla del Río paraná de las Palmas.

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