Monthly Archives: June 2014

Agenda Infantil

Mes de Julio 2014
Beatriz Valerio

24º Feria del Libro Infantil y Juvenil 2014
- Sede “El Dorrego” Martes 15 de julio a las 10 hs Stand Sociedad Argentina de Escritores nº 114
- Sede “Tecnópolis” Martes 22 de julio a las 16 hs Stand Sociedad Argentina de Escritores nº 154

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(foto 23º Feria infantil y juvenil 2013)

 

3º Exposición del Libro de las Artes Infantil Zárate
19 y 20 de julio desde las 14 hs Forum Cultural

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(foto 2º Feria  Exposición del Libro de las Artes Infantil Zárate 2013)

La hormiga agradecida

La hormiga agradecida

No hay nada más bello que una amistad profunda y sincera entre dos personas.

Una hormiga muy pequeñita, que tenía mucha sed, fue a un estanque para tomar agua. Estaba a punto de poner un pie en una planta flotante, antes que en un tronco, pero se resbaló y cayó al agua. La hormiga entró en pánico porque no sabía nadar.
Afortunadamente, una paloma, que pasaba por ahí, vió como la hormiga estaba a punto de ahogarse y rápidamente le arrojó un palo para que se cuelgue. De esta manera pudo salir del agua sin dificultad. Su gratitud fue infinita.
- Gracias, hermosa paloma. Sin vos, sin duda me hubiese ahogado dijo la hormiga.
- De nada, amiga mía. Todos tenemos que ayudarnos. Unos a otros. Vos podrías hacer lo mismo si a mi me ocurriera algo parecido – dijo la paloma.
- Por supuesto – admitió la hormiga.
Lo dicho se hizo realidad, al tiempo vió como un ambicioso cazador descubrió la paloma. Es así como agradecida por lo que su amiga había hecho por ella se preparó con su arma y se avalanzó sobre el cazador.
En apenas un segundo el hombre sintió una extraña picazón en la mano derecha y así tuvo que bajar el arma al suelo.
Era la hormiga, al ver a su amiga en problemas, que picó la mano del hombre cazador.
Aprovechando la distracción del hombre, la paloma voló a toda velocidad. Gracias a la hormiga estaba a salvo. La hormiga tan pequeñita fue capaz de ayudar a su amiga.
Si todos fuésemos solidarios como la hormiga y la paloma, cuánto mejor sería nuestro vivir.

La mariposa hermosa

La mariposa hermosa

La mariposa era hermosa, pero se pasó de soberbia. Tenía que ser tratada como la reina del mundo para que esté satisfecha. ¡Qué orgullosa la mariposa!
No tenía amigos, porque todos los que se le acercaban los ridiculizaba y despreciaba. A todos los trataba muy fríamente y con aires de superioridad y así, poco a poco, los amigos empezaron a alejarse.
- ¿Qué estás haciendo a mi lado horrible niño? ¿No ves que soy más bella y elegante que vos? – Les decía a los amigos que se acercaban, dándose aires de grandeza, tal cual una diva.
Su familia tampoco se escapó a sus desaires. Estaba alejada de sus padres y hermanos como esa tremenda distancia que hay de la tierra hasta el cielo.
- Sí, sos hermosa Mariposa, pero no sos humilde. Te vas a quedar sola, destruída- le advirtió un pajarito sabio con decir solemne.
La mariposa poco caso hizo a lo que el sabio pájaro le decía, aunque empezó a preocuparse por no tener amigos. Ella respetaba a los sabios y temía que tuviera razón. De todas manera no hizo caso y siguió soberbia y altanera como siempre.
Un día, la profecía del pájaro sabio se hizo realidad. Un niño astuto la atrapó en su red.
Es muy triste ver una mariposa atrapada y en las colecciones de mariposas mostradas pero admitamos que su soberbia fue muchísima y se merecería que alguien astuto pudiera con ella.
Todos tenemos que ser tratados como merecemos, reconozcamos los consejos de los demás. Reconozcamos nuestro destino, también todos nuestros problemas. Somos dueños de nuestra propia felicidad sin ser soberbios o altaneros por la belleza o poca belleza que tenemos.

El niño del río

El niño del río

Leandro y Laura estaban casados desde hace varios años, pero estaban tristes porque no tenían hijos.
Un día de invierno, ya que el isleño estaba sentado junto a la ventana, vió a los niños de la otra orilla que jugaban en el río. Estaban muy divertidos chapoteando en el agua.
- Laura, ven a ver a estos niños. Ellos están alegres jugando en el agua. Ven, vamos a jugar a chapotear en el río también.
El isleño y su esposa entraron en el agua mientras los niños murmuraban y chillaban a la otra orilla.
- Leandro ya que no tenemos hijos, tengamos un niño de arena moldeado por nuestras manos.
- Es una buena idea, dijo el hombre.
Salió del río y comenzó a dar forma a un cuerpo pequeño, manos pequeñas, los pequeños pies. La mujer a su vez formó una pequeña cabeza y la puso sobre los hombros de la estatua de arena.
Un hombre que iba en canoa saludó a los niños que agitaban sus manos. Miró por un momento en silencio a la pareja de la otra orilla, y luego dijo:
- Que Dios los bendiga.
- Gracias, respondió Laura.
- Cualquier bendición siempre es bienvenida, respondió Leandro.
- ¿Qué están haciendo? -preguntó el vecino de la isla.
- Estamos creando un niño de arena, dijo Leandro. Y al hablar pasaba sus dedos por la nariz, el mentón, la boca y los ojos.
Unos minutos más tarde, el niño de arena había terminado y la pareja lomiró con admiración.
De repente se dieron cuenta de que la boca y los ojos estaban abiertos. Las mejillas y labios cambiaron de color, y unos pocos minutos después vieron la estatua de arena cobrando vida delante de ellos.
- ¿Quién sos? Leandro preguntó sorprendido al ver un niño en la estatua de arena que habían creado junto a su esposa.
- Soy el niño del río. Laura lo besó y que se puso a llorar de alegría.
- Somos tus papás, dijeron.
Los padres llevaron al niño del río a la casa y así empezó a crecer muy rápidamente.
Todas los niños llegaban a su playa para jugar con el muchacho encantador. El era muy bueno y muy bonito.
Tenía los ojos azules como el cielo, su cabello dorado era precioso, solamente sus mejillas no eran tan color de rosa como los de otros niños.
Pasó el otoño, el invierno y el niño crecía tan rápido que cuando el sol de la primavera llegó era tan grande como un niño de doce o trece años.
Siempre fue un niño alegre hasta que su mamá notó que estaba triste.
- Mi querido hijo, ¿por qué estás triste? ¿Estás enfermo?
- No, no estoy enfermo, mamá.
Los niños de la isla vinieron a buscarlo para llevarlo q jugar en el agua.
- Ven con nosotros, vamos al agua a jugar.
- Es una buena idea, pensó la madre. Salir de la casa a divertirse con sus amigos.
Leandro, el padre los miraba por la ventana.
- Ahora, se escuchó el grito de uno de los niños, a sambullirnos. Luego, otro grito.
Todas las chicos se miraron y se dieron cuenta de que el niño del río no estaba más allí.
- Amigo, ¿dónde estás? Gritaban los niños, buscando en vano encontrar a su amigo de la isla.
Todos los vecinos, los padres se unieron a los amigos buscando al niño del río.
Al llegar a la orilla donde los padres lo crearon con arena, una nube de color dorado se iba al cielo dejando un viento arenoso en el lugar.

 

El niño desordenado

El niño desordenado

 

Escucha “El niño desordenado: Beatriz Valerio” @beatrizvalerio  por María Elena Sancho @mariaelenasanch

 

Había una vez un niño llamado Nicolás que estaba tan sucio pero tan sucio que asustó a un hada que estaba por allí.
Dejó sus juguetes desparramados por el suelo y puso sus zapatillas llenas de barro arriba de la mesa.
Pasó los dedos sobre el escritorio de su mamá y volcó un tintero. Hizo un desastre sobre todos los papeles del papá.
Es así como el hada paciente, entró en el lugar y con cara de enojo le llamó la atención.
- Esto no puede continuar así, dijo el hada. Este desorden tiene que terminar. Ve al patio a jugar con tu hermano.
- No tengo ningún hermano, dijo Nicolás.
- ¡Oh! Si, tenés uno, dijo el hada. Tal vez no lo sepas pero él está, y está jugando con los juguetes. Ve al patio y espera.
- No sé lo que querés decir, dijo Nicolás. Aún así se fue al patio y empezó a jugar con el barro.
De pronto, una gatita saltó, moviendo la cola muy glamorosa.
- ¿Es que vos sos mi hermano? preguntó el niño.
La gatita lo miró de arriba abajo.
- ¡Bueno! Espero que no, dijo. Mira mis pelos, están bien limpios. ¿Por qué me hacés esta pregunta muy enojada?
Saltó en un tapial y se fue. Nicolás siguió esperando.
Un pequeño grillo llegó saltando.
- ¿Sos mi hermano? -preguntó Nicolás.
- No, en serio, no, dijo el grillo. ¡Qué molesto sos! No vas a pensar que soy tu hermano, soy tan limpio y tan suave. Canto bello y soy hermoso, no soy tu hermano y haciendo saltitos y cantanto se fue y el niño siguió esperando.
Poco después llegó un hermoso gato de angora. Iba con cuidado para no quedar con las patas sucias.
- ¿Estás buscando a tu hermano? -preguntó el niño.
- Mira este gatito con altura, me lamo al sol, y está bien a la vista que vos no te lamés. Toda mi familia es limpia t soy feliz de decirlo. Él hizo un desplante enojado y se fue.
Nicolás estaba desconcertado.
Poco después, un cerdo llegó trotando. Llegó muy sucio, todo embarrado y oloroso. Nicolás no se atrevió a preguntarle nada.
- Hola, hermano, gruñó.
- Yo no soy tu hermano -dijo Nicolás.
- ¡Oh! si dijo el cerdo. Confieso que no estoy muy orgulloso de vos, pero reconozco todos los miembros de nuestra familia. Ven; vamos a tomar un baño en la zanja, y rodar por el estiércol.
- No me gusta ir al estiércol, dijo Nicolás.
- Que se lo digan a los pollos, ¿verdad? dijo el cerdo.
Mira tus manos y tus pies, y toda tu ropa! Vamos, vamos! Tenemos un buen rato antes de que te llamen a cenar.
- No quiero, no quiero! -gritó Nicolás, y comenzó a llorar.
En ese momento, llegó el hada protector.
- He arreglado y limpiado todo, dijo, qué vas a hacer ahora.. ¿Querés ir con tu hermano o venir conmigo y aprender a ser limpio?
- Con vos! gritó aferrándose del hada
- ¡Qué bien! murmuró el cerdo. Lamento perder un hermano, es un desencanto más para mí y el cerdo se fue, caminando lento al chiquero.

 

El sol y el viento

El sol y el viento

Había una disputa entre el sol y el viento sobre quién era el más fuerte. Cada uno se creía que era el más poderoso. Mientras discutían vieron a un hombre que llevaba un gran abrigo mientras caminaba por la costanera de Campana.
- Esta es nuestra oportunidad para poner a prueba nuestra fuerza, dijo el viento; vamos a ver quién de nosotros es lo suficientemente fuerte como para volarle el abrigo al hombre. Quien logre esta hazaña, será el más poderoso.
- Está bien, dijo el sol.
Inmediatamente, el viento comenzó a soplar, se infló el abrigo del hombre. tanto sopló que se desató una tormenta de lluvia, cayendo sobre él mismo.Como el frío ya se sentía el hombre apretaba el abrigo a su alrededor. El viento no pudo quitarle el abrigo.
Ahora era el turno del sol. El sol comenzó a brillar. Sus rayos dieron sobre los hombros del hombre. Como el hombre sintió calor, se sacó el abrigo y siguió caminando por la costanera de Campana.
El sol ganó. El sol es el más poderoso.

El niño y la lámpara

El niño y la lámpara

Había una vez una pequeña lámpara que estaba terriblemente asustada de la oscuridad.
Ya había tenido mucho miedo con otras luces donde se encontraba a la venta, junto a las otras luces pudo dominar su miedo. No estaba sola y con las otras luces del negocio, la oscuridad nunca le trajo malestar.
Luego la compraron y la colocaron en la habitación de un niño. Mientras el niño estaba despierto no tenía temor. Durante el día, el niño pequeño jugaba entretenido, pero por la noche, la habitación se ponía muy oscura con el niño que duerme silenciosa. Ella se sentía tan sola. Así que para superar su miedo se encendió ella misma y empezó a sentir tranquilidad.
Los padres del niño cuidaba el sueño de su hijo. Ellos se alarmaron al ver la luz todas las noches en el dormitorio de su hijo. Le preguntaron al pequeño si fue él quien prendió la lámpara y quedaron sorprendidos cuando el niño les dijo que no.
Tiempo después, el pequeño niño se enfermó y vino el médico de la familia a atenderlo.
-No es nada, amigo, dijo, tranquilizador. Te daré unas pastillas y un jarabe para tomar tres veces al día, y en tres días ya volverás a jugar.
Después de mirar a los padres que estaban de pie a un costado de la cama y ver la lámpara que estaba sobre la mesita de luz, dijo
- Me contaron tus papás que tuviste la lámpara alumbrándote toda la noche.
El chico asintió.
- ¿Sabés por qué lo hizo? -preguntó el doctor.
- Creo que tiene miedo a la oscuridad, respondió el niño que era muy inteligente.
Así que para tranquilizar a la miedosa lámpara, los padres del niño compraron otra lámpara de luz que solamente daba un suave resplandor en la noche. El niño agradeció a sus padres que compraran una compañera para la lámpara de la mesa de luz. Agradeció el esfuerzo porque ahora la lámpara no tenía miedo por las noches. Nunca más volvió a encenderse sola.

 

La estrella del fondo del río

La estrella del fondo del río

Al comienzo de los tiempos el cielo estaba mucho más cerca de la Tierra de lo que está ahora y los dinosaurios muy seguido metían su cabeza en las nubes o las estrellas y esto era bastante peligroso para ellos.
Es así como los dinosaurios se pasaban resfriados por el fresquete de las nubes o se pinchaban con las puntas de las estrellas.
Hoy, cada noche, las estrellas observan de cerca a todos los niños del mundo. No les gusta que los pequeños se peleen o digan malas palabras.
En el Río Paraná de las Palmas se vuelven tremendamente narcisistas porque se miran en el reflejo del agua. Ven como las aguas quedan calmas cuando no pasan barcos ni barcazas.
Disfrutan viendo saltar los peces y ellos se acostumbraron a verlas charlar entre ellas a ver cual era más bella.
- ¿No crees que yo estoy un poco pálida esta noche? -preguntó una estrella a otra estrella
- Es cierto, te falta un poco de brillo. En cambio, mírame, estoy radiante, mi cutis es perfecto y tengo excelente forma.
En medio de esta charla aparece una estrella muy infeliz porque era miope y no podía observar bien su reflejo. Pidió a las otras estrellas que le contaran cómo se veía reflejar en el río.
Las otras estrellas, malas y celosas se rieron.
La estrella miope de todas manera quiso mirarse en el río, se acercó cada vez más al agua. Es que quería verse a sí misma.
Se acercó tanto que cayó en el agua. El río le quitó su brillo y quedó un cuerpo de cinco puntas muy suaves.
Estaba tan avergonzada que no iba a volver más al cielo, y a partir de este día empezó a vivir en el fondo del río.

 

La zanahoria

La zanahoria

Había una vez una zanahoria que vivía en una pequeña casa a oscuras debajo de la tierra. Ella estaba allí sola y muy tranquila en la oscuridad y el silencio. Un día, oyó un golpe tap, tap, tap, en la puerta.
- ¿Quién está ahí? -preguntó ella.
- Soy doña lluvia, dijo una voz triste y suave.
- No, no -dijo la zanahoria.
Uno o dos días más tarde, volvió a oír otra vez el golpe en la puerta tap, tap, tap.
- ¿Quién está ahí? -dijo.
La misma voz de los días pasados respondió:
- Soy doña lluvia, hoy sí voy a entrar.
- No, no -dijo la zanahoria.
Y no oyó nada más durante mucho tiempo. Pasó un tiempo y escuchó un ruido extraño. Era como un susurro, un susurro, ch, ch, cierre la ventana.
- ¿Quién está ahí? -preguntó la zanahoria.
- Soy el sol, dijo una voz brillante y alegre.
- N. .. no -dijo otra vez la zanahoria. No entrarás.
Y se mantuvo en silencio.
Poco después, volvió a escuchar el ch, ch, ch, a través de la mirilla de la cerradura.
- ¿Quién está ahí? -dijo.
- Soy el sol, dijo el sol con voz clara. Abre la puerta.
- No, no -dijo la zanahoria, no lo haré.
Unos días más tarde vuelve a escuchar tap, tap. En ruido también en la ventana, y en la cerradura… ch … ch …
- ¿Quién está ahí? -gritó.
- Estamos la lluvia y el sol, la lluvia y el sol, estamos juntos y queremos entrar.
- Bueno, bueno -dijo la zanahoria, si los dos están juntos y es necesario, abro la puerta.
Abrió la puerta un poco, y los dos entraron en la casa. La lluvia tomó de su mano izquierda y el sol tomó de su mano derecha, y la arrastraron con ellos, rápido, rápido, rápido, arriba, y ??luego le dijeron
- Te ayudamos a que puedas salir afuera. Asoma tu cabeza.
Asomó la cabeza, y estaba en medio de un hermoso huerto de Campana verde. Había muchas verduras y hortalizas, los pájaros cantando la saludaron mientras empezó a crecer, grande, grande.
Cuando los niños llegaron a la huerta aplaudieron, la zanahoria ya comenzó a crecer.

 

El viejo gato

El viejo gato

Un gato viejo muy distraído y muy perezoso, gran matemático estaba acostado a la entrada de la casa.
De vez en cuando, entreabría un ojo para contar las moscas y se metía de nuevo en su dulce letargo.
Otro gato paseaba por allí. Asombrado por la gracia del gato viejo con bastante exceso de peso debido a la ociosidad, el gato paseandero preguntó
-¿Quién eres y que haces?
El otro, ni siquiera abrió los ojos, pero murmuró:
- Soy un viejo gato muy sabio, y sé perfectamente contar.
- ¡Magnífico! y ¿Hasta cuánto puedes contar?
- No veo, pero puedo contar hasta el infinito.
- Cuenta para mí, amigo, cuenta.
El gato se estiró, bostezó profundamente y luego, de mala gana que hasta parecía divertido, empezó a contar
- Uno … dos … tres … cuatro …
Cada número lo pronunciaba con fuerza y seguridad. Al llegar a siete el gato estaba dormido y al nueve estaba ya roncando, y así entró en un sueño profundo.
- Cómo solamente sabés contar hasta nueve, te otorgarán una nueva vida.
Los gatos tienen nueve vidas.
El gato que había asegurado que podía contar hasta el infinito sedetuvo en el número nueve y se quedó dormido. Ahora duerme sin pensamiento, pensó el otro gato.
-Es verdad cuenta hasta el infinito. Al final de las siete vidas del gato se llega directamente a la felicidad suprema. ¡Qué filósofo el gato paseador!

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